No hay nada como darle confianza y una palmadita en la espalda a alguien que tiene ganas de innovar. En cuanto a cine, esto es lo que pasa con Nicolas Winding Refn. Hace dos años presentó y estreno DRIVE, una película violenta, dura, pero contada con gusto, elegancia, incluso dulzura.
Esta vez, con Solo Dios perdona, Winding ha querido complacernos a los que en su cinta anterior nos conmovió, pero, al menos yo, me he decepcionado totalmente. Mismo director, mismo actor (Ryan Gosling) pero temática diferente.
Se ha metido en los suburbios de la prostitución y el boxeo en y lo ha intentado contar al estilo Drive, pero con el botón de cámara lenta activado. Si nos damos cuenta, la película va a una velocidad lenta, en cuanto gestos, movimientos, ritmo... Si la pusiéramos a velocidad normal, hubiera tardado la mitad.
Claro que Gosling lo hace muy bien, pero tan bien como en Drive, mismos gestos, misma cara, misma expresión, por lo cual, resulta repetitivo, como cuando comes una plato de una comida que te ha parecido alucinante, pero te repite durante horas; la comida ha sido impresionante, pero el hecho de que te repita...
Pasa lo mismo con la fotografía, la música, el montaje, el estilo, en sí mismo.
Creo que me esperaba más de esta película. No sé Dios, pero yo no se lo perdona...
Nota de la película: 3
Porcentaje de recomendación: 25%

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